El trabajo también construye Chihuahua
Chihuahua se ha construido con muchas manos y muchos oficios. Reconocerlos también es reconocer de dónde venimos.

Hay encuentros que sirven para recordar algo muy sencillo: Chihuahua no se entiende solamente desde sus instituciones, sus calles o sus edificios. También se entiende a partir de la historia de quienes han trabajado durante años para sacar adelante a sus familias y aportar al desarrollo de nuestra comunidad.
Eso pensé al convivir con un grupo de trabajadores ferrocarrileros de Chihuahua. Es gente con oficio, con historia y con una larga experiencia de organización y defensa de sus derechos laborales. Personas que conocen lo que significa trabajar, mantenerse unidos y hacer valer aquello que consideran justo.
También quiero reconocer a Armida Molina, por el liderazgo que durante muchos años ha mantenido entre los ferrocarrileros y por el trabajo que ha realizado acompañando sus causas. En cualquier comunidad hacen falta personas capaces de organizar, escuchar y mantener unidos a quienes comparten preocupaciones y objetivos.
Siempre he tenido mucho respeto por quienes hacen del trabajo una forma de vida. Detrás de cada oficio hay conocimientos, sacrificios y experiencias que muchas veces pasan de una generación a otra. Y en el caso de los ferrocarrileros existe además una identidad muy particular, construida alrededor de una actividad que forma parte de la historia económica y social de nuestro estado.
Pero este encuentro también me permitió volver sobre una convicción que he tenido durante toda mi vida pública: un funcionario que deja de hablar con la gente termina perdiendo piso.
Cuando uno ocupa una responsabilidad pública es muy fácil llenar la agenda de reuniones, documentos y asuntos que parecen urgentes. El problema empieza cuando eso se convierte en una excusa para dejar de recibir a las personas. Quien busca a un servidor público generalmente lo hace porque tiene una inquietud, un problema o algo que necesita ser escuchado.
Por eso siempre he procurado recibir a la gente y hablar directamente con ella. No porque uno pueda resolver absolutamente todo, porque eso sería poco serio decirlo, sino porque escuchar permite entender mejor los problemas y encontrar, cuando existe, una ruta para atenderlos.
También permite algo fundamental: conocer la realidad sin intermediarios. Los informes son necesarios, pero nunca sustituyen una conversación de frente. La gente te dice cómo están funcionando las cosas, qué necesita, qué salió bien y qué no. Esa comunicación mantiene al servidor público con los pies sobre la tierra y le recuerda para quién trabaja.
Los cargos pasan. Las responsabilidades cambian. Pero la disposición para escuchar, ayudar y mantener comunicación con la gente no debería depender del puesto que uno tenga. De este encuentro me quedo precisamente con eso: con la importancia del trabajo, de la organización y de la solidaridad entre quienes durante años han compartido una misma historia.
Chihuahua se ha construido con muchas manos y muchos oficios. Reconocerlos también es reconocer de dónde venimos.
César Jáuregui
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